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La muerte

21 maig, 2020
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Por desgracia en Bolivia morir es muy fácil; me refiero a la muerte violenta; morir en un muladar; morir con las armas en la mano; morir en un interrogatorio policial,…

Parece que la vida vale muy poco entre nosotros; un extraño estoicismo nos hace ver a la muerte como algo común y corriente. Hemos tomado demasiado en serio el drama de la ficción, como si la muerte pudiera arreglar algo, como si fuera la manera más fácil de deshacerse de una persona indeseable.

Mientras no valoremos la vida no poremos avanzar. El mundo ha sido hecho por el hombre, no podemos sacrificar una persona como si fuese un repuesto de máquinaria. Nuestra política es, sobre todas las cosas inhumana; es una política basada en la represión y la muerte donde el sufrimiento humano no cuenta.

El círculo de violencia se ha cerrado. Hace poco un hombre murió violentamente; creia firmemente en esta forma de morir y murió en manos de los que fueron sus colaboradores en la violencia.

Ahora parece que nos despertamos de una somnolencia diciendo: Basta de sembrar tanta muerte y morir por nada!

La hipocresia nos amenaza nuevamente. Esperemos que nuestra justa cólera no golpee solamente a los ejecutores sino tambien a los que mandan ejecutar y a los que ordenan torturar. En esta cadena de muerte es tan criminal matar o torturar como ordenar hacerlo. Los de abajo no toman decisiones por su propia cuenta.

Quisiéramos ser todos iguales al menos frente a la muerte. No deseamos que se deploren o investiguen solamente la muerte de los ricos. La muerte es absoluta y es tan horrible para los famosos como para los pobre y los anónimos.

Nadie tiene el derecho de matar. Muchos paises estan aboliendo la pena de muerte que representa un poder exhorbitante. La muerte es demasiado irreversible para jugar con ella. La muerte no puede ser un recurso político; no se la puede tratar superficialmente.

Bolivia es un país ensangrentado. El simplismo de la muerte nos ha tentado; con ella queremos vencer los obstáculos humanos como si las personas fueran piezas de un tablero de ajedrez.

¡Maldita sea la muerte! !Maldito sea el machismo que nos hace mirala sin pestañear. Como si se tratara de heroismo y no de una total falta de sentido común!
Creemos demasiado en las armas y la violencia como si la vida, la felicidad y el progreso se ganaran con cadáveres.

Primero matamos y después nos preguntamos para que sirve la muerte. Y realmente la muerte no sirve para nada.
Y aquellos que todavía creen en ella, los pervertidos que gozan con el sadismo y la muerte merecen el aislamiento de la sociedad. El crimen no debe ser jamás el instrumento de la justicia.

Lluís Espinal
Fotografia familia Espinal

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