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Compartir experiències i sentiments.

26 de març de 2020
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Fa dies que tots? estem “confinats” llevat de les persones que dia rere dia, s’exposen en primeria linia a aquesta pandemia que no s’atura davant de res ni de ningú.

……… TOT EL NOSTRE RECONEIXEMENT PER A ELLES I ELLS  ………..

Pels que estem a casa, hi ha múltiples opcions d’oci i d’activitats per realitzar a casa, i no quedar-se parat.

I els que esteu a casa, si podeu, voleu i en teniu ganes, podeu fer quatre ratlles o un petit video, on expliqueu les vostres vivencies, les vostres angoixes o els vostres somnis per despres del confinament, ens ho envieu pel correu electrònic o pel link de la mateixa web, i ho publicarem a les nostres xarxes digitals, tan aviat sigui possible.

Aixó si, correcció i respecte total, envers els altres.
Gràcies.

1 Comentari

  1. MUERTE LEJANA, LA MÁS CERCANA (Muerte en tiempos de Coronavirus).

    La muerte siempre nos está pisando los talones aunque no queramos oírlo. Siempre presente… Observándonos día y noche. Sabemos que existe pero nunca estamos lo suficiente preparadas para gestionarla.
    Recuerdo que hace unos años vi un documental llamado “Pensando en los demás” de Toshiro Kanamori. El profesor japonés acogía en sus aulas con normalidad el tema de la muerte y automáticamente pensé “¡Qué bien! Aquí también deberíamos hacerlo!”.
    ¿Cómo puede ser tabú un tema que nos acecha a diario? Tenemos miedo de la muerte y eso no hay que cambiarlo pero sí que debemos trabajar el tener miedo al miedo.
    Debemos equilibrar la balanza de las emociones y no excluir las que denominamos “negativas”. Des de ayer, mi madre llora a cántaros. Yo lloro a cántaros. Ella llora por un motivo y yo por dos. Recibe llamadas telefónicas y me disgusta que le digan “no llores mujer, ya no se puede hacer nada”. Que no se puede hacer nada, lo sabemos… ¿Pero, “no llores”? Llorar es una parte del duelo por la muerte y se tiene que hacer para empezar a superarlo.
    Desde que el Coronavirus ha entrado en nuestras vidas, no paramos de ver a través de los medios como la gente muere. Muere sola y los familiares lloran solos. Mi corazón se encoge por cada noticia.
    Mi madre lleva años viviendo separada de su madre al igual que muchas personas que hicieron un proceso migratorio, en este caso, de Marruecos hasta alguna ciudad de este país. Su madre, mi abuela. Una mujer fuerte que quedó viuda de muy joven ya que mi abuelo murió trabajando en una mina, aplastado por una roca. Mi abuela educó, crió y mantuvo a sus hijos e hijas. Perdió dos hijos cuando aún eran niños, por enfermedades que hoy en día tienen cura. También perdió a un hijo de unos 35 años dejando atrás a sus hijos, mis primos. Mi pobre tío, murió en Argelia, por negligencia médica. Tanto mi abuela como mi madre, no pudieron asistir al entierro.
    Este sábado, 18 de abril de 2020, la muerte con paso decidido ha envuelto a mi abuela y se la ha llevado. Se la ha llevado mientras permanecía en una cama de un hospital de Nador, Marruecos. Ha muerto sola y, en casa, lloramos en soledad. La frase que más repite mi madre entre sollozos es “quería verla una sola vez más, quería pedirle perdón y decirle adiós”.
    Ya está enterrada y mi madre no ha podido llorar ni su muerte ni su entierro. Los entierros son para las personas vivas, son el inicio del proceso de duelo. Sé que mi madre no empezará a aceptar su muerte hasta el día en que esté delante de su tumba.
    Mi madre llora por ella y yo lloro por las dos. Ver a una madre destrozada, resquebraja el corazón para posteriormente poder romperlo.
    Una muerte lejana, la más cercana. Abuela Fadma, descansa en paz y gracias por todo lo que has hecho. Nuestro mundo particular ha perdido a una mujer valiente que ha luchado hasta el último momento.

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